Mi artículo de 20 de julio en este mismo medio pedía, como primera condición para salir del marasmo económico en que estamos sumidos, que recuperáramos EL RESPETO POR NOSOTROS MISMOS Y POR TODAS NUESTRAS INSTITUCIONES: las políticas a todos los niveles, las judiciales, las institucionales etc. Hoy, vuelvo sobre el mismo asunto, con la completa convicción de que no servirá para nada.
La rabia (el cabreo, dicho más claramente) de los españolitos de a pie es grandísimo, y, hasta cierto punto, explicable y justificado por los recortes de todo tipo que este gobierno se ha visto obligado a realizar ante la situación desesperada en que se encuentra España, a pesar de lo que dijeron en campaña. "O eso -dice el gobierno- o nos vamos al garete". "El gobierno ha tomado el camino equivocado" dice la oposición. Y en esa discrepancia estamos. La irritación se ha adueñado de la calle, y eso parece que lo justifica todo: un lenguaje agresivo, unas actitudes violentas contra quienes no piensan como nosotros, un talante pendenciero y provocador ante quien discrepa, llegándose, incluso, a las agresiones físicas personales.
Veamos algunos ejemplos: Recordemos que en enero de 2011 fue agredido el Consejero de Cultura de la Comunidad murciana y no se encontró a los culpables. No merece crédito la justicia ante determinados hechos: durante la huelga del 29M por televisión se vieron escenas terribles, en las que los manifestantes mostraron lo peor que el ser humano lleva dentro, y, que yo recuerde, no fue procesado ni un solo manifestante, ni tan siquiera los que obligaron al Presidente Mas a ir en helicóptero al Parlament. Quedaba la esperanza de que Willy Toledo pagara ante el juez por sus desmanes de piquetero, pero el procedimiento se ha archivado. Puede que haya pagado en otro lugar, pero se ha perdido el valor ejemplarizante que hubiera tenido una sentencia condenatoria, aunque fuera a 30 días de multa. El día 25 de este mes, la presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre se marchó de un acto programado, de toma de posesión de policías, ante el acoso al grito de "Esto es una mamandurria" de menos de un centenar de trabajadores de un hospital próximo, tal es la fuerza que los medios le reconocen al griterío público. Podíamos leer ayer que unos funcionarios del Ministerio de Fomento, durante el paro de mediodía, zarandearon al Secretario General de Infraestructuras. A Cifuentes, la delegada del gobierno en Madrid, la hostigaron y la escupieron el pasado 14 de julio. Hoy mismo, en Villalba de la Sierra, a María Dolores de Cospedal la han acosado preguntándole airadamente que cuánto era su sueldo (y ella ha contestado que menor que el de su antecesor socialista). Y el caso de la huelga del taxi de ayer mismo: quien crea que unirse a una huelga es una decisión personal, que se olvide de ello. El grito de los taxistas era claro: "TAXI CARGADO, TAXI APALEADO". Así se dieron las imágenes que todos hemos visto por la televisión.
Podíamos seguir poniendo ejemplos mil, de que el ambiente social se "ha emputecido", y ustedes perdonen el modo de señalar. La oposición y los sindicatos se han propuesto, con su lenguaje violento y su acoso callejero al gobierno legalmente constituido, no se olvide, que ganó en las elecciones hace siete meses y por mayoría absoluta, QUITARLE LO QUE LOS CIUDADANOS LE DIERON EN LAS URNAS. Y yo me pregunto: ¿no estaremos viviendo una situación semejante a las previas a las "primaveras árabes" de las que no sé bien quién saldrá ganando? Pero esto es otro asunto.
Hace unos días leí en una red social esta terrible frase: ¡NO HEMOS ODIADO BASTANTE!, como justificadora de la ira, todavía con sordina, de determinados grupos sociales y políticos. Se está jugando con fuego, Y PUEDE QUE A CORTO O MEDIO PLAZO NOS QUEMEMOS TODOS.
HAY QUE CALMAR LOS ÁNIMOS. Discrepar, manifestarse contra esto y aquello, usar cuantos medios el sistema ofrezca para exteriorizar nuestra disconformidad con los gobernantes, está bien y es necesario en una democracia sana, pero la agresividad, el odio, la violencia, el fanatismo, la cólera, no conducen a nada bueno. ¿Qué ocurriría si los acosados se defendieran con armas semejantes? Pues que estaríamos cerca del 36. Y eso no lo quiere nadie.
Se me han venido a las mientes, no sé por qué unos versos de Lope de Vega, de su poema "A mis soledades voy", que no me resisto a copiar: "No puede durar el mundo, porque dicen, y lo creo, que suena a vidrio quebrado y que ha de quebrarse presto". Me niego a que nuestro mundo se quiebre por el odio y la ira de unos cuantos.