El recadero saduceo y la añagaza del presidente Chávez
El gobierno Santos no ha sido capaz de manejar la
situación con enérgica diplomacia o con diplomática energía
Debemos remontarnos algunos años para poder
analizar completa la chuscada del presidente Correa, el que le hace los mandados
al presidente Chávez. Este y los Castro bros. han sido los muñidores de
la actual tormenta en un vaso de agua que está siendo la última etapa antes de
la VI Cumbre de las Américas.
La ALBA, Alianza ¿Bolivariana? Para los Pueblos
de Nuestra América, nació el 14 de diciembre de 2004 en un acuerdo firmado en La
Habana entre Cuba y Venezuela con la única intención de contraprogramar la
agenda de la OEA y boicotear sus cumbres. De hecho, el nombre es acrónimo de su
primera denominación, Alternativa ¿Bolivariana? Para las Américas.
Desde
entonces, las actuaciones seguidas han sido de libro: primero con Chávez como
único actor, luego de gran protagonista con el alivio cómico del pintoresco
presidente Evo Morales y de su amiguete el presidente Daniel Ortega
que procura recoger las pocas migajas que caen del mantel petrolero del
venezolano.
He de confesar que en las últimas elecciones en Perú creí que el
siguiente en el club albino iba a ser el presidente Ollanta Humala, con
un perfil muy similar al del Chávez del primer mandato (indigenistas ambos,
golpistas fallidos ambos, filo-comunistas ambos). Sin embargo, el presidente
peruano, desconfiado como la gente del altiplano e inteligentísimo como pocos,
no se ha dejado arrastrar por el sueño nada bolivariano de su homólogo
venezolano.
Aquí, en los mentideros de Bogotá, no son pocos los que creen
que el presidente venezolano está apretando el acelerador de su sueño
revolucionario porque le queda poco tiempo de vida. (Un oncólogo prestigioso me
cuenta que los rumores entre los de su gremio es que no se toma las uvas del
2013. Ojalá no sea cierto, no deseo la muerte a nadie).
El primer
capítulo del libro anti OEA fue el enfrentamiento con el presidente Aznar con
aquellas acusaciones nada veladas de auspiciar un golpe contra Chávez, luego con
el presidente Zapatero cuando defendió al anterior y que supuso la salida
de pata de banca del rey, figura bastante discutida en las Américas por lo
anacrónica, mandando callar a un igual -tan jefe del estado como él, no lo
olvidemos- y dando pábulo a las más maniqueas y populistas reacciones contra un
Borbón "prepotente y colonialista".
La situación, pues, se ha ido
cociendo en su propia salsa y ahora, con Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua
en una misma sintonía autodenominada revolucionaria, el recadero Correa -¿me
llevará ante los tribunales?- busca desbaratar por completo las poco operativas
Cumbres de las Américas dándoles la puntilla cuando la deserción de los menos
opaque por completo la asistencia de los más.
La trampa ha sido para
Colombia y el gobierno Santos no ha sido capaz de manejar la situación con
enérgica diplomacia o con diplomática energía. La canciller colombiana María
Ángela Holguín, a lo que parece aprovechando una visita previamente
programada (¿¡!?) a Cuba, ha ido dizque a recabar su opinión al respecto. Si ya
la cosa es de risa internacional porque ser anfitrión de la Cumbre no quiere
decir lavar la ropa sucia de los invitados, volver diciendo, como ha dicho, "que
parece que Cuba no está muy interesada" y que eso puede provocar la ausencia de
los países del Alba y que, ojo al parche, eso significaría el fracaso total de
la VI Cumbre, es haberse tragado enterito el saduceo anzuelo justamente cuando
EEUU, a pocas horas de que aterricen en Cartagena sus primeros delegados, ha
dicho que Cuba no puede asistir hasta que no cumpla los requisitos mínimos sobre
democracia y respeto a los derechos humanos. Vamos, que si Cuba asistiera, USA
no iría. Además, y como bien recordaba el 7 de febrero el secretario general de
la OEA José Miguel Insulza, Cuba tiene levantado el veto en la OEA desde
2009 y le basta con solicitar el ingreso para que se active su proceso de
entrada en el club panamericano. Si no lo ha hecho, acaso sea porque no quiere
ingresar.
Así las cosas, la canciller ha construido el puente de plata a
los albinos que huyen y les ha dado el trofeo que buscaban: el fracaso de la
cumbre y el protagonismo mediático. Esperemos que los gringos, con su innegable
capacidad marketinera, se saquen un par de conejos de la chistera salvando la
cumbre y, de paso, la cara de la ministra Holguín. Hasta yo habría sido capaz de
actuar con mejor mano izquierda, sinceramente.