Con el juez Garzón
"Si siempre he creído en la honradez y en el amor a la
libertad del juez Baltasar Garzón, hoy, si cabe, aún creo mucho más"
A pesar de haber sido condenado ayer a once años de inhabilitación por un delito
de prevaricación relacionado con las investigaciones de la 'trama Gürtel', para
mí Baltasar Garzón sigue siendo el mismo de siempre: un ciudadano
ejemplar, una persona valiente y entregada a desenmascarar a los enemigos de la
sociedad (etarras, narcotraficantes, dictadores, genocidas, mafiosos de distinto
pelaje)..., un jurista con un coraje excepcional que se jugó la vida en muchas
ocasiones, y uno de los españoles con mayor prestigio dentro y fuera de nuestras
fronteras.
Ayer, tras conocerse la dura sentencia (y aún están pendientes
otras dos en el alto tribunal...), una hija de Baltasar Garzón hizo pública una
carta en homenaje a su padre, y dirigida, conmovedoramente, "a todos aquellos
que hoy brindarán con champán por la inhabilitación del magistrado". "Nos han
tocado -escribe María Garzón Molina-, pero no hundido, y lejos de
hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir
luchando por un mundo en que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin
estar guiada por la envidia ni por acuerdos de pasillo".
A primera hora
de la tarde de ayer, cuando se hizo pública la sentencia, que Garzón recibió con
gran dignidad aunque quizá llorando por dentro..., es probable que algunas
personas hayan respirado satisfechas por la decisión, mientras que entre los
ciudadanos de a pie se daban muestras de malestar y de incomodidad por el
veredicto. No entramos en tecnicismos jurídicos sustentan la condena, sino en la
constatación de que uno de los jueces más valorados en el mundo, y especialmente
por quienes sienten pisoteados sus derechos, ha sido castigado, que no
destruido, por sus propios compañeros con razones en las que no entramos a
debatir y que acatamos por imperativo democrático, pero ello no quiere decir que
las compartamos... Han intentado talar, en el bosque de la Justicia, a uno de
los mejores árboles, de los más esforzados, de los de mejor ramaje, de los más
adiestrados en aguantar los temporales. Pero el árbol seguirá firme en sus
convicciones y ejemplarmente militante en sus compromisos.
Si siempre he
creído en la honradez y en el amor a la libertad del juez Baltasar Garzón, hoy,
si cabe, aún creo mucho más.