Garzón y las reglas del juego
"La mejor defensa de Garzón es reconducir todo este
proceso por la vía institucional y del respeto a las reglas del juego"
El actuar autorreferente de Baltasar Garzón y la sentencia desmedida del
Tribunal Supremo al condenarle, dan una idea del penoso estado en que se
encuentra la cultura judicial española. En nuestra península (y sus islas) los
jueces, lejos de sentirse servidores públicos sin más, siguen considerándose la
tapa del perol, los dioses del Olimpo y otras lindezas por el estilo.
Y
las dos Españas siguen hoy dejándose arrastrar por los topicazos, en una
confrontación cultural que no difiere demasiado de la denunciada por los cuadros
de Goya. Así, la España conservadora brindará con champaña porque finalmente le
estén dando su merecido a este juez metementodo y que se ha creído el chico de
la película; mientras el tópico progre hoy consiste en rasgarse las vestiduras
por la injusta condena de Garzón.
Y yo me pregunto: ¿Habrá que elegir a
favor de la cultura política de alguna de estas dos Españas? Lo siento pero no
lo creo. Más bien se hace necesario, urgente, que emerja un consenso creciente
(de amplio espectro), que nos libere de esta polarización cultural rancia e
insana. Así que, aunque sólo sea para que conste, hago patente que me declaro en
desacuerdo tanto con el comportamiento reiterado del juez Garzón como con la
sentencia desproporcionada del Tribunal Supremo. Y, desde luego, esta posición
no significa un lavado de manos ni una posición neutra y equidistante. Significa
el apego a las reglas del juego, tanto judiciales como políticas.
Por
eso mis argumentos no son del tipo aséptico, como por ejemplo, hay que respetar
la sentencia de los tribunales o cosas por el estilo. Cierto, hay que respetar
la sentencia del Tribunal Supremo, como ayer respetábamos las sentencias del
juez Baltasar Garzón, pero también hay que ir más allá, si de verdad queremos
superar este estado de cosas cultural carpetovetónico.
Para los progres
que hoy se muestran enfurecidos por la sentencia, lo que importa es que Garzón
ha sido el juez de las causas justas. Sólo los más sensatos admiten que algunas
veces forzaba un poco el debido proceso. Y en el caso de las escuchas
telefónicas, el argumento que utilizan algunos/as me parece tremendamente
peligroso: si se juzga a Garzón ¿se juzgará también a todos los jueces a los que
se les haya anulado el uso de escuchas en los tribunales? O sea que el asunto es
de cantidad y no de calidad. Pues vea, el que haya muchos jueces que hagan de su
capa un sayo no justifica en absoluto que Garzón haya hecho lo
propio.
Como también me parece peligroso el argumento de que la justeza
jurídica está de parte del Tribunal Supremo, pero la verdadera justicia ahora se
encuentra en el seno de la sociedad civil. ¡Diantres, parece que estamos tirando
la institución judicial a la basura! ¿Qué parte no entendieron estos/as progres
de la insistencia de Garzón de usar la toga durante el juicio? ¿Cómo es la cosa:
juego a lo institucional solo cuando trato de que me favorezca?
Dicho
todo lo anterior, también creo que la sentencia emitida tiene un tufillo de
revancha corporativa que no me gusta nada. Y es tan peligroso para el respeto
institucional esa sensación que deja la sentencia, como lo contrario: decir que
la justicia ahora hay que buscarla en la calle.
Así que estoy convencido
de que la mejor defensa de Garzón es reconducir todo este proceso por la vía
institucional y del respeto a las reglas del juego: espero que Garzón recurra la
sentencia y deseo que ésta se revise para que sea menos desproporcionada. Pero
sobre todo, espero que toda la sociedad española saque de esta experiencia la
verdadera lección: hay que acabar con el endiosamiento de los jueces, sea cual
sea su sensibilidad social o política. El poder judicial es una institución del
Estado que debe estar compuesta por servidores públicos y ya es hora de que los
jueces se enteren de una buena vez.