es fueron las intervenciones claves en la primera jornada del XXXVIII Congreso
Federal del PSOE que se celebra este fin de semana en Sevilla: La del secretario
general de los socialistas andaluces, presidente de la Junta y presidente del
Congreso, José Antonio Griñán; la del todavía presidente del partido, Manuel
Chaves, y el informe de gestión que hizo el todavía secretario general, José
Luis RodríguezZapatero. Griñán, dentro de su vaguedad y su doble
juego, hizo un discurso contemporizador en el que pidió a sus compañeros un
debate menos personalista y más en profundidad sobre los retos sociales que
afrontan los ciudadanos. Chaves, cuya sequedad de boca hizo que todos los
presentes reclamáramos un vaso de agua para el orador, se dedicó a pedir unidad
en defensa de Griñán para que éste no pierda el día 25 de marzo el último
reducto de poder que le queda a los socialistas. Pero si hubo un discurso penoso
fue el de Rodríguez Zapatero en la defensa de su gestión al frente del partido.
Aunque se culpó del fracaso electoral de las municipales y las autonómicas,
eludió la responsabilidad del batacazo socialista del 20-N, achacándolo a la
consabida crisis internacional. Las caras de los delegados, que recibieron a
Zapatero con un cerrado aplauso, eran todo un poema en la despedida y cierre de
una etapa que, a la postre, ha sido desastrosa para el Partido Socialista.